Este trabajo se inicia durante la estancia de Olga Tragant en Japón. En medio de una sociedad donde el contraste entre tradición y modernidad se hace extremo, surge la pregunta: donde y como se siente la esencia de aquello que llamamos tradición.
En Rastres varios fragmentos se entrelazan y se balancean creando situaciones de tiempo meditativo con una mirada interna, y otros momentos en los que la danza es dinámica y se esparce por el espacio.
Los materiales que conforman la puesta en escena, con la cuerda como elemento principal, envuelven el movimiento, estableciendo un fuerte vinculo entre movimiento y plástica, creando una atmosfera íntima, poética y cercana al ritual.